Debido a la ubicación y característica únicas de la amazonia, el ecosistema amazónico es uno de los más vulnerables ante las diferentes dinámicas económicas y ecosistémicas que lo afectan. De acuerdo con el análisis realizado por WWF en 2012, existen tres presiones en este lugar, las cuales son:

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Deforestación/conversión de territorio Cambios en los flujos de los ríos e Incendios inducidos por presión de territorio para poblaciones locales.

Es así como durante los últimos 50 años, se ha perdido aproximadamente el 17% de la cobertura forestal. Además, la cuenca del Amazonas experimentó una pérdida neta de 3,6 millones de hectáreas anuales entre 2000 y 2015. Al 2005, la deforestación acumulada en la Amazonía era de 857.6663 km2.

Por su parte, las prácticas agrícolas tanto de pequeña como de gran escala, tienden a causar significativa erosión del suelo y la sedimentación del río, así como contaminación acuática con agroquímicos. Según Nepstad (2007), se proyecta que para 2030 el bosque húmedo amazónico podría estar deforestado en un 55%. Así mismo, la tasa de mortalidad se incrementaría como consecuencia de olas de calor, sequías, incendios e inundaciones debido al cambio climático.