En décadas recientes, el turismo se ha convertido en un factor importante para el cambio económico, social, cultural y ambiental en diferentes países de América Latina. Desde la mitad del Siglo XX, el proceso de globalización ha acelerado esta tendencia, extendiendo su alcance y generando una mayor demanda.

El éxito del turismo sostenible está íntimamente relacionado a la sostenibilidad y uso ético del capital natural y de biodiversidad que los sustenta, así como de la inclusión activa de las poblaciones locales. A pesar de que el turismo sostenible presenta oportunidades únicas para el desarrollo económico y social, todavía sigue siendo poco comprendido por los agentes involucrados en este sector.

Las características únicas de esta industria presentan ventajas extraordinarias, pero también limita la aplicabilidad de los modelos de desarrollo tradicionales. La industria del turismo tradicional es frecuentemente caracterizada por la explotación insostenible de los recursos sociales, culturales y ambientales, casi siempre con efectos adversos en la competitividad económica de los destinos turísticos, así como desastrosas consecuencias para las comunidades locales y ecosistemas. No obstante, el éxito del turismo sostenible es excepcionalmente dependiente de las formas no tradicionales de capital- activos sociales, culturales y ambientales- ya que son estos activos son su principal atractivo y origen de rentabilidad.

 En este sentido, el turismo sostenible permite entender cómo la sostenibilidad ambiental funciona en el inusual mundo del turismo internacional y cómo el sector público, privado y la sociedad civil pueden trabajar juntos para establecer una industria viable, equitativa, de amplio alcance, y; por sobre todo, sostenible. No existe otra forma de separar la competitividad de las empresas turísticas de la realidad local. Una industria del turismo que falla en sostener su capital social, cultural y ambiental socava su propio origen.